Microcréditos: por qué 300 Euros pueden costar mucho más de lo que parece

Pedir una cantidad pequeña no convierte automáticamente una deuda en pequeña

Microcréditos: por qué 300 Euros pueden costar mucho más de lo que parece

Los microcréditos pueden resultar atractivos precisamente porque la cantidad solicitada parece manejable.

Si faltan 200, 300 o 500 euros para cubrir un gasto inesperado, es fácil pensar que devolver ese dinero será mucho más sencillo que afrontar un préstamo de varios miles de euros.

El problema es que el importe inicial solo cuenta una parte de la historia.

Para saber cuánto pesa realmente una deuda hay que mirar cuánto debe devolverse en total, cuándo vence, qué intereses y gastos existen y qué ocurre si el pago no llega a tiempo.

En este artículo utilizamos el término microcréditos para hablar de financiación de pequeño importe destinada al consumo, especialmente la que puede contratarse mediante canales digitales.

No debe confundirse con determinados programas de microfinanciación dirigidos a proyectos empresariales o profesionales.

Los 300 euros que recibes no son los 300 euros que debes presupuestar

Supongamos que una persona necesita 300 euros para afrontar una reparación urgente.

Si únicamente piensa en el dinero que entra en su cuenta, puede organizar el siguiente mes suponiendo que tendrá que recuperar esos mismos 300 euros.

Pero la cantidad realmente importante es el total que tendrá que devolver según el contrato.

Ese importe puede incluir intereses y otros costes. Por eso comparar préstamos exclusivamente por la cantidad que entregan es poco útil.

Dos productos que permiten obtener exactamente el mismo dinero pueden tener costes totales muy diferentes.

Antes de aceptar cualquier operación conviene identificar una cifra concreta: cuánto dinero saldrá finalmente de tu bolsillo si cumples el contrato exactamente como está previsto.

Un plazo corto puede ser más difícil que una deuda grande

Otra característica que puede distorsionar la percepción del riesgo es el plazo.

Una deuda pequeña que debe devolverse muy pronto puede generar más tensión en el presupuesto mensual que otra de mayor importe distribuida durante más tiempo.

Esto no significa que alargar una deuda sea siempre mejor, ya que hacerlo también puede aumentar su coste.

La cuestión es comprobar si el vencimiento encaja realmente con los ingresos disponibles.

Si alguien necesita pedir 300 euros porque este mes no dispone de ellos, debería preguntarse qué cambiará en su economía cuando llegue el momento de devolverlos.

Si los ingresos serán prácticamente los mismos y los gastos habituales seguirán presentes, el problema puede simplemente desplazarse unas semanas.

La rapidez no debería ser el principal criterio para elegir

Una solicitud sencilla y una respuesta rápida pueden ser útiles en determinadas circunstancias, pero no dicen nada sobre el precio de la financiación.

El proceso de contratación puede durar pocos minutos mientras que las consecuencias financieras permanecen durante semanas o meses.

Por eso conviene separar dos preguntas diferentes. La primera es cuánto tarda el dinero en estar disponible.

La segunda, mucho más importante para el presupuesto, es cuánto cuesta utilizarlo.

Un crédito no se vuelve económicamente conveniente porque sea fácil de solicitar.

La TAE ayuda, pero también debes mirar los euros

La TAE permite comparar el coste de diferentes ofertas porque incorpora distintos elementos de la financiación en una referencia anual.

Es una información importante y no debería ignorarse.

En créditos de duración muy corta, sin embargo, también resulta especialmente útil mirar el coste expresado directamente en euros.

Pregúntate cuánto recibes y cuánto debes devolver en total.

Esa comparación convierte un porcentaje abstracto en un impacto real sobre tu cuenta bancaria.

Si necesitas 300 euros, saber que tendrás que devolver una cantidad determinada en una fecha concreta permite evaluar mejor si puedes asumir la operación.

Lo más prudente es utilizar ambas referencias, no elegir entre una u otra.

El verdadero riesgo aparece cuando un crédito paga otro crédito

Un microcrédito aislado no describe necesariamente una situación de sobreendeudamiento.

La señal de alerta aparece cuando para devolver una deuda es necesario contratar otra.

El patrón puede comenzar de forma aparentemente sencilla.

Una persona pide una pequeña cantidad, llega el vencimiento y descubre que pagarla completa dejaría la cuenta demasiado justa para afrontar alquiler, alimentación o suministros.

Entonces busca otra financiación para cubrir el hueco.

En ese momento el problema ya no es el gasto original. Es el coste de mantener una cadena de deuda.

Si la única forma de devolver un microcrédito parece ser contratar otro, merece la pena detener la operación y revisar el presupuesto completo antes de añadir una nueva obligación.

Los gastos cotidianos no desaparecen cuando llega el vencimiento

Una de las formas más realistas de evaluar un crédito es colocarlo dentro del presupuesto normal.

No hay que calcular la devolución como si fuera el único gasto del mes.

El alquiler o la hipoteca seguirá llegando. También la compra, los suministros, el transporte, los seguros y otras obligaciones habituales.

Por eso la pregunta útil no es simplemente si tus ingresos superan la cantidad que debes devolver.

La pregunta es cuánto dinero quedará después de pagar tus gastos esenciales y la nueva deuda.

Si el margen resultante es demasiado pequeño, cualquier imprevisto puede provocar un nuevo problema de liquidez.

Véase también: TIN y TAE: cómo saber cuánto cuesta realmente un préstamo

Una compra urgente y una compra aplazable no deberían financiarse igual

No todos los motivos para pedir dinero tienen la misma urgencia.

Una reparación necesaria para poder trabajar no plantea el mismo escenario que una compra que podría posponerse algunas semanas.

Antes de aceptar financiación de pequeño importe conviene preguntarse qué sucedería si simplemente no se realizara el gasto hoy.

Si puede esperar hasta la siguiente nómina o hasta haber ahorrado parte del importe, evitar el crédito elimina también su coste.

Esta pregunta es sencilla, pero puede cambiar completamente la decisión financiera.

Comprueba las condiciones si no puedes pagar en la fecha prevista

La evaluación no debería detenerse en el escenario perfecto.

También hay que entender qué establece el contrato si el pago se retrasa.

Pueden existir consecuencias económicas y procedimientos diferentes según el producto y la entidad.

No conviene asumir que será posible ampliar automáticamente el plazo o negociar después en las mismas condiciones.

Las condiciones deben conocerse antes de aceptar el dinero, no cuando ya ha llegado el vencimiento.

Comparar alternativas no significa buscar otro préstamo inmediatamente

Cuando aparece una necesidad de 300 euros, comparar opciones no significa abrir cinco páginas de financiación y elegir la más barata.

La primera comparación debería incluir alternativas que no generen una nueva deuda.

Puede existir la posibilidad de retrasar una compra, dividir un gasto directamente con el proveedor, utilizar ahorro disponible sin vaciar completamente el fondo de emergencia o ajustar temporalmente otros gastos.

Solo después tiene sentido comparar productos de financiación, si realmente siguen siendo necesarios.

Una cantidad pequeña merece el mismo cuidado que cualquier otra deuda

El principal peligro de los microcréditos es que su pequeño importe puede hacer que se evalúen con menos atención que otros préstamos.

Sin embargo, el tamaño de una deuda no determina por sí solo su impacto sobre una persona.

Para alguien con poco margen mensual, devolver unos cientos de euros en poco tiempo puede representar una presión importante.

Antes de contratar, conviene conocer el importe total a devolver, la TAE, los posibles costes adicionales, el calendario de pagos y las consecuencias de un retraso.

Después hay que colocar esa obligación dentro del presupuesto real.

Si las cuentas solo funcionan suponiendo que no aparecerá ningún gasto inesperado, el margen probablemente sea demasiado estrecho.

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